+52 (999) 688 94 79 Calle 54 407B x 41 y 43 Centro Mérida, Yucatán

 

 

Ensueños y Luz Acromática

Bello Camarguenco

Philippe F. Attal

 

ENSUEÑOS Y LUZ ACROMÁTICA

Cuando los Ángeles bajaron a la tierra en Guatemala, 1990.

Recopilar datos inmediatos de la realidad, tomar cosas y personas de la vida tal como se presentan en su franca espontaneidad, son las fuentes de mi creación.

Hace 30 años, Guatemala era sin duda a la vez un paraíso etnográfico y folclórico. Aún hoy día, caminar allí, como los mayas, permite encontrarse en la presencia de la tierra y de los rostros. En este país donde las formas y los colores se combinan como una melodía y un contrapunto, aparecen las “extensiones de ensueño”(1) En todo momento la luz es ideal: la mágica limpidez de la mañana nos domina por el color; fiebre al anochecer bajo un cielo plomizo, y luego una atmósfera melancólica donde la luz se desvanece al caer de la noche.

Espontáneamente, mis fotografías, traducidas aquí de manera acromática, se desarrollan en torno de colores vivos y típicos de las prendas que brotan en los callejones de los mercados, en la explanada de las iglesias, en los caminos y en los bordes de las carreteras, para formar verdaderos cuadros vivientes como en ningún otro lugar.

Si bien podría parecer extraño haber elegido tratar este tema eminentement colorido en monocromía, al ira lo esencial, el Blanco y Negro desafía el tiempo y las modas. El lenguaje pictórico que transmiten ciertos tejidos procede de una verdadera sutileza mental: un mundo en sí mismo, el sombrero, elemento innegable de elegancia masculina, integra perfectamente este conjunto. En sus formas moldeadas, donde se traza una especie de relación entre curvas y líneas de fuga, ¿no recuerda a veces el sombrero altivo a los tocados sagrados? Y cuando observo un huipil, me deslizo hacia un laberinto cuidadosamente estructurado, donde la figura expresa a la vez una historia, una metáfora, o un símbolo. Es una de las principales características de la identidad étnica y de la pertenencia a la comunidad, así como del estatus de la mujer.

Invariablemente, disfruto pasear mi mirada de un patrón a otro, esforzándome por encontrar el vínculo oculto que los une y, con seguridad, redescubrir el ritmo horizontal de las capas superpuestas, correspondientes al diseño maya del universo. Las relaciones que tejo como fotógrafo europeo, con las sociedades indígenas mesoamericanas me proporcionan un contacto directo con una realidad que me es desconocida o desaparecida para mi. Todo este pasado indio, el pasado español, catolicismo y mitos están extrañamente vivos, enraizados en una tierra diferente, ahogados en una luz tan diferente a la del cielo europeo, dan una mezcla particular, fascinante. Este contacto llama a la complicidad. Connivencia del hombre con la materia.

La fotografía está del lado de la vida, está también del lado de esta metafísica implícita del mundo, donde encontramos lo sagrado con la captura de la luz, la captura del tiempo. “Cuando el color es más rico, la forma está en su plenitu”, dijo Paul Cézanne, cuando se trata de pintura. De igual manera, Jean-Claude Lemagny dijo “Cuando el grano de plata está donde debe estar, el sueño está en su verdad”.

Por lo tanto, me corresponde estar al mismo tiempo del lado del sueño, de la extensión soñadora, pero también del lado de la miseria.

BELLO CAMARGUENCO

Caballos hechos de mistral, de sal y de valentía.

Emblemático del delta del río Ródano, desde hace siglos que el caballo Camargue vive en semilibertad en las marismas. Adaptándose perfectamente a los excesos del clima mediterráneo, nada le asusta: humedad, vientos violentos, frío punzante en invierno, fuerte calor e insectos en verano… su robustez, su pelaje gris, sus ojos expresivos y su preciosa crin blanca han alimentado leyendas y películas.

Los escritos dan fe de su existencia desde la antigüedad, y numerosos paleontólogos ven huellas de sus ancestros en las pinturas rupestres de las grutas de Lascaux. El pequeño caballo Camargue era utilizado para actividades agrícolas y pastorales, especialmente el pisado de la cosecha. Después fue montura de carga y de guerra hasta el siglo XII, y finalmente acompañante de los pastores. En la actualidad, es considerado como un actor del ecosistema de la Camarga, un agente de su conservación indispensable en el manejo y el mantenimiento de los humedales. El caballo Camargue es homenajeado en muchas fiestas locales tradicionales, siempre montado por su cuidador. De tamaño pequeño (menos de 150 cm a la cruz), extremadamente resistente, puede ser montado por adultos o por niños. Robusto y ligero a la vez, apto a disciplinas variadas, es un caballo dócil y energético que sorprende por su mezcla de tranquilidad y de capacidad de respuesta. Esta dualidad es un verdadera ventaja.

El potro Camargue nace color negro, marrón o gris oscuro. Desde su nacimiento hasta sus cinco años, se aclara primero alrededor de los ojos, luego de la nariz, y no deja de aclararse. Se cubre de su pelaje plateado a la edad adulta. Este pelaje es una particularidad en los caballos primitivos, los otros caballos salvajes generalmente son de color isabel, bayo oscuro, rosillo o bayo…

Si a menudo se ve al caballo Camargue con el cuello bajo y hacia adelante es porque se protege del mistral de su Camarga natal. Al adoptar esta postura, evita que el viento húmedo penetre en sus fosas nasales.

Desde el inicio del siglo XXI, el caballo Camargue se ha consolidado en la mayoría de las disciplinas deportivas y de ocio. Pero donde mejor se expresa es sin duda en la equitación de Camargue, disciplina culta y tradicional que hace resaltar sus notables cualidades de velocidad, capacidad de respuesta, maniobrabilidad y su sentido del pastoreo.